Wild Wonder story
Rayito y el Arcoíris Secreto
Justo después de la lluvia, un pequeño rayo de sol llamado Rayito descubre que no era tan sencillo como creía, con la ayuda de una gota de lluvia llamada Perla.
Un rayito muy común
La lluvia acababa de parar, y el bosque olía a musgo mojado y tierra fresca. Muy por encima de las nubes, un rayo de sol llamado Rayito estiró los brazos, listo para brillar sobre las hojas goteantes de abajo. «Solo soy luz blanca sencilla», suspiró, mirando cómo las esponjosas nubes grises se separaban. «Nada especial.»
Dos amigos comunes se encuentran
Rayito se coló entre las nubes y aterrizó en la punta de una hoja de helecho, donde una gota de lluvia redonda llamada Perla todavía temblaba después de su larga caída. «Ay, hola», dijo Perla, tambaleándose suavemente. «Yo también me siento muy sencilla y transparente, solo una gotita de nada.» Rayito sonrió. «Tal vez dos cosas sencillas puedan encontrar algo interesante juntas», dijo, y Perla soltó una risita, enviando pequeñas ondas por toda su redonda barriga.
La luz se dobla y se separa
«Ven a ver qué hay dentro de mí», dijo Perla, y Rayito se deslizó suavemente a través de su piel curva y cristalina. En el momento en que se dobló hacia adentro, sucedió algo mágico: Rayito ya no era solo blanco. Se abrió en rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta, cada color doblándose un poquito más que el anterior, con el rojo doblándose menos y el violeta doblándose más. «¡Tenía todos estos colores escondidos dentro de mí todo este tiempo!», exclamó Rayito, maravillado.
Rebote, doblez y expansión
Los colores corrieron hasta la pared redonda del fondo de Perla y rebotaron, como niños deslizándose por un tobogán curvo y suave. Luego, al doblarse una vez más al salir hacia el aire libre, el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul y el violeta se extendieron aún más, sin apretujarse entre sí. «Quédate quieto», susurró Perla feliz, «creo que estamos a punto de mostrarle a todos algo maravilloso».
Todos los colores revelados
En el amplio cielo abierto, los colores de Rayito y Perla se unieron a miles de otras gotas de lluvia que aún colgaban de hojas y ramas, hasta que un gran puente curvo de rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta se arqueó sobre todo el bosque. Los conejos se detuvieron a mitad de un salto, los búhos parpadearon al despertar, y las ardillas parlotearon encantadas señalando el cielo con sus patitas. «Nunca fuiste sencillo», le dijo Perla suavemente a Rayito. «Solo necesitabas una gota de lluvia que te ayudara a mostrar tus verdaderos colores.» Y desde ese día, cada vez que el sol asomaba después de un chubasco, Rayito lo recordaba, y brillaba un poquito más fuerte, sabiendo exactamente qué colores habían estado escondidos dentro de él todo ese tiempo.