Wild Wonder

Wild Wonder story

El Vuelo Más Silencioso de Nima

Nima, la joven buhíta, nunca lograba acercarse sin que la descubrieran: el ruido de sus alas siempre la delataba. Una noche tranquila bajo la luna, descubrió el secreto que ya crecía en sus propias plumas.

Una joven buhíta esponjosa bate las alas torpemente al salir de una rama al anochecer, con las plumas revueltas, mientras un ratón escapa corriendo entre la hierba abajo.

Un primer vuelo ruidoso

Nima bajó volando de su rama con un ruidoso fru-fru-fru, batiendo las alas con esfuerzo contra el aire nocturno. Abajo, entre la hierba, un ratón la oyó acercarse y salió corriendo antes de que ella pudiera aterrizar. Nima se posó en una rama baja con un suspiro, hambrienta y confundida. Todos los búhos adultos que conocía podían planear sin hacer ruido, entonces, ¿por qué ella no podía?

Una pluma como un pincel

Esa noche, su madre se posó a su lado y le mostró una larga pluma de vuelo. «Mira con atención», le dijo, y Nima se acercó. El borde no era nada liso: era suave y flequillado, como las cerdas de un pincel diminuto, y el borde trasero estaba igual de deshilachado. «Ese pequeño peine rompe el aire que sopla en cientos de diminutos remolinos silenciosos, en lugar de un gran zumbido ruidoso», explicó su madre. «Así es como volamos con alas silenciosas.»

Aprendiendo a volar suave

Nima extendió sus propias alas y miró: allí estaban, esos mismos bordes suaves y flequillados, empezando a crecer en sus plumas. Practicó planeando de rama en rama, manteniendo las alas firmes en lugar de batirlas, y sintió cómo el aire de la noche se deslizaba suavemente entre los pequeños flequillos en vez de chocar contra ellos. Rama tras rama, su vuelo se volvía cada vez más silencioso.

Su vuelo más silencioso

En una noche clara e iluminada por la luna, Nima se lanzó desde su rama favorita y planeó bajo sobre el prado, con las alas bien abiertas e inmóviles. Ni un solo sonido la seguía. Ningún ratón levantó la cabeza, ningún conejo se paralizó de miedo: por primera vez, Nima se movía por la oscuridad como un suspiro contenido, silenciosa y llena de asombro ante todo lo que ahora podía descubrir.